El peso extra de pasajeros convierte a la moto en una bomba de energía que aplasta los órganos internos (Foto cortesía)

La física de la muerte: Prevención, herramienta para salvar vidas  (II)

La vulnerabilidad del cuerpo es la crónica de un impacto anunciado

En la primera entrega de esta serie, comprendimos que el «golpe» en un siniestro vial no ocurre de forma sencilla, que abarca las implicaciones de las leyes de la física, que son implacables. Si se duplica la velocidad, la fuerza con la que se impacta se multiplica por cuatro. Pero, ¿qué significa esto para el cuerpo humano cuando no hay una carrocería que lo proteja? En una motocicleta, usted no solo conduce un vehículo: usted es su parachoques.

Los datos biomecánicos son brutales. En escenarios de choques, donde se superan los 80 km/h, son mínimas las probabilidades de que los órganos internos resulten ilesos a los golpes contra los propios huesos. Aquí no hay azar, ni suerte, hay física pura y dura.

El cuerpo contra el entorno

Para entender la gravedad de las lesiones posibles, debemos analizar cómo reacciona el organismo ante diferentes obstáculos.

Un niño en una moto sobrecargada se convierte en una esponja de golpes; sus órganos no están diseñados para resistir esa presión»

Reporte de Biomecánica Vial

El efecto «cuchilla» y los objetos fijos: No es lo mismo chocar contra una pared que contra un poste. 

La pared mortal: Al chocar contra una pared, la energía del impacto se reparte por todo el cuerpo. Dependiendo de la velocidad, provocará graves lesiones distribuidas de manera más o menos uniforme en la anatomía del accidentado. Dependiendo del ángulo del impacto, si se golpea de frente, de cabeza o lateralmente, se deforman y fracturan huesos, a la vez que se aplastarán órganos.

La cuchilla: Al chocar contra un objeto estrecho, como un poste, este concentra toda la fuerza del impacto en un solo punto. A 80 km/h, un poste, una señalización, un arbusto, se convierten en cuchillas que partirán huesos, destrozarán la columna vertebral o provocarán amputaciones traumáticas inmediatas.

La trampa del «matorral»: Existe la falsa percepción de que caer en la maleza es más seguro; pero chocar contra un árbol es hasta 15 veces más letal que caer al asfalto. Las ramas se convierten en lanzas que provocan traumatismos penetrantes, atravesando piel y órganos. El terreno irregular generará “volteretas o vueltas de campana», que romperán extremidades, brazos y piernas se fracturan.

Vuelo al abismo: En puentes y pasos elevados, la física suma un verdugo: la gravedad. Los puentes tienen alturas aproximadas a cuatro pisos, desde esa altura, caer equivale a impactar contra muros de concreto, agregando 50 km/h a la velocidad que traía el cuerpo. Si el motorizado cae de pie, la fuerza destrozará talones y rodillas, colapsará la columna vertebral, los cascos no están hechos para superar esos impactos, cualquier hueso se quebrará.

El efecto «sándwich»: Cuando una moto viaja sobrecargada, el riesgo se vuelve exponencial. Al haber más peso, mucha más energía se detiene de golpe.

En un choque, el pasajero de atrás se convierte en un «martillo humano» que aplasta al conductor contra el manubrio. En este escenario, los niños son las víctimas más trágicas. Al quedar atrapados entre dos adultos, sufren el «efecto sándwich», donde sus órganos internos, mucho más delgados y frágiles, estallan por la presión de los cuerpos que los comprimen. 

El efecto «catapulta”: tras un choque violento, los parrilleros y otros pasajeros saldrán despedidos a distancias enormes, los impactos contra el pavimento, aceras, brocales y otros obstáculos, por lo general son mortales, los niños pueden ser aplastados por sus padres en un vano intento de protegerlos.

Las lesiones en la cabeza de los niños son mortales en un muy alto porcentaje, ya que 98.4% de ellos no lleva casco, cualquier caída es un traumatismo craneoencefálico (TCE) casi siempre fatal.

La física no tiene piedad

La diferencia entre sobrevivir con huesos rotos o terminar en un funeral suele ser una decisión de segundos sobre el acelerador. A 40 km/h, el cuerpo tiene una oportunidad; a 80 km/h, la física de la muerte toma el control total. 

El país no solo pierde recursos; sufre la «mutilación de su capital humano»

Jacobo Vidarte

Experto en salvamento

La prevención no es solo una norma de tránsito, es la defensa del derecho a no quedar esclavizados a enormes facturas médicas, atrapados en sillas de ruedas, en la cama de por vida, con amputaciones o dolorosas lesiones permanentes, esa decisión es vital para toda la familia.

La ruina tras el Impacto

El daño físico es solo el inicio de una tragedia económica que aniquila el futuro de las familias, pues si los accidentados sobreviven, tienen delante de sí largos y costosos procesos de recuperación.

La atención de un paciente politraumatizado por impacto en carretera es la carga más pesada para la salud pública. En Venezuela, un solo día en una unidad de cuidados críticos puede superar los 2.000 dólares diarios. Cubrir facturas de este tipo de siniestros requiere, en muchos casos, el equivalente a 86 salarios mínimos por cada día de hospitalización.

Jacobo Vidarte, experto en rescate, señala que “el país no solo pierde recursos; sufre la «mutilación de su capital humano». La mayoría de las víctimas son jóvenes en su etapa más productiva, que pasan de ser trabajadores a personas con discapacidades permanentes, dependiendo de terceros de por vida para tareas básicas”.

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