Las redes y foros han convertido el abuso sexual en una mercancía que se comercializa, una visión a las denominadas “rape academies”
En 2022, en medio de la pandemia, un vigilante de un centro comercial de Francia detuvo a un hombre, varias mujeres lo acusaban de grabar videos debajo de sus faldas; el hombre, identificado como Dominic Pelicot, fue entregado a la policía.
Lo que parecía una detención de rutina contra un acosador sexual tuvo un giro aterrador al descubrirse uno de los casos más oscuros de la historia criminal francesa. Al revisar los dispositivos electrónicos de Pelicot, la policía encontró miles de archivos, fotografías y videos que documentaron años de abusos y violaciones perpetradas en contra de su propia esposa, Gisèlle Pellicot, quien aparecía inconsciente en cada uno de los videos.
Las investigaciones determinaron que entre 2011 y 2020 Dominic Pelicot perfeccionó un método de sumisión química para dominar a su esposa, usaba ansiolíticos y relajantes musculares con los que anulaba su voluntad.
«En estos foros, la violencia contra la mujer no solo se justifica, sino que se normaliza y se gamifica para construir reputación digital»
Instituto de Machos a Hombres
Informe sobre la violencia digital
Lo grave es que el abuso escaló de lo doméstico a la violación masiva. Dominic ofrecía a su esposa para ser abusada por desconocidos. Lo hacía por una plataforma de chats en internet llamada Coco (coco.fr / coco.gg), un entorno sin moderación ni registro que permitía el anonimato absoluto. Su sala favorita era una conocida como «A son insu» («Sin su conocimiento»)
A lo largo de los años, intercambió fotografías de su esposa sedada, reclutó y coordinó las agresiones con decenas de hombres. Durante ese lapso Gèselle sufrió de infecciones, dolores, pérdida de memoria y otras inexplicables secuelas.
Tras la captura de Pélicot, se realizaron otras detenciones. En 2024 Dominic fue condenado a la pena máxima, 20 años de prisión, por organizar y perpetrar los abusos. Paralelamente otros 50 acusados fueron condenados a diversas penas de prisión según su grado de participación en las violaciones.
Lo grave es que el caso Pelicot no es una anomalía aislada, sino la punta del iceberg y se ha convertido en un catalizador para identificar una subcultura digital donde la misoginia extrema se ha profesionalizado, mediatizado y viralizado.

Las “rape academies”: foros para deshumanizar
Las investigaciones periodísticas posteriores al juicio de Pelicot revelaron que estas redes de abuso se multiplicaron en la internet. Un trabajo de CNN las bautizó como «rape academies», o “academias de violación”, que nutren la llamada «machósfera» y foros radicales de célibes involuntarios o «incels».
En estos foros, la violencia contra la mujer no solo se justifica, sino que se normaliza y se gamifica, o sea que mientras el contenido sea más gráfico, tendrá mayor validación social, «likes» y comentarios en el foro, y permitirá al “creador/abusador” construir una reputación, estimulando que se repitan o superen los actos que publica y se estimula a otros a repetir esas acciones. La retórica en estos foros gira en torno a despojar a las víctimas de su humanidad, convirtiéndolas en objeto de posesión o «carne de matadero».
Para estas comunidades, la figura de Dominique Pelicot no es la de un depredador sexual condenado por la justicia, sino que es considerado un gurú cuyas acciones deben ser emuladas.
El rigor de los datos: Desmitificando la cifra de los «62 millones»
En aras de la objetividad, es necesario aclarar un dato que hizo sonar las alarmas mediáticas y que se viralizó. Tras la difusión del reportaje de CNN en marzo de 2026, circuló la cifra de que “62 millones de hombres formaban parte de una academia de violación».

Sin embargo, el análisis riguroso de los datos revela que esa cifra fue una interpretación errónea. La magnitud documentada de la red específica de la «rape academy», que era el grupo de Telegram denominado «Zzz», tenía aproximadamente mil miembros a nivel mundial y no los 62 millones denunciados, esta última cifra era el total de vistas totales del sitio que albergaba el foro en cuestión.
Por su parte, el Instituto de Machos a Hombres alertó que los mil integrantes del foro “Zzz” representan una red criminal peligrosa y coordinada que intercambia manuales de dosificación de fármacos y tácticas para evadir la detección, “por lo que sus integrantes deben ser detenidos y judicializados”.
Monetización de la violencia
Estas redes trascienden al intercambio de consejos, son un mercado estructurado de violencia sexual, incluso hay quienes se dedican a la venta ilegal de sedantes.
«El reto para el sistema de justicia moderno es dejar de tratar estos sucesos como incidentes domésticos aislados y reconocerlos como ciberextremismo organizado»
Instituto de Machos a Hombres
Informe sobre la violencia digital
Además, venden las transmisiones de los abusos en vivo, cobrando entradas de hasta 20 dólares mediante criptomonedas para mantener el anonimato. Los espectadores pagan no solo por observar, sino por dirigir activamente las acciones en tiempo real, transformando la violación en una mercancía digital participativa.
Prevención y respuesta institucional
A nivel legislativo, las revelaciones sobre estas «academias» permitieron acelerar cambios en Europa. En octubre de 2025, Francia actualizó su código penal para definir la violación basándose estrictamente en la falta de consentimiento, eliminando la necesidad exclusiva de probar violencia física o amenazas.
El Parlamento Europeo ha impulsado el estándar de «solo sí es sí», estableciendo que nadie puede consentir mientras duerme, está drogado o paralizado por el miedo.
La respuesta de las autoridades ha escalado a la infraestructura tecnológica. En mayo de 2026, autoridades de Países Bajos tomaron el control de los servidores de Motherless.com, y anteriormente, la justicia francesa logró la incautación de los servidores de Coco en una operación multijurisdiccional.
Sin embargo, la reaparición de plataformas similares bajo nombres como «Cocoland» demuestra que el bloqueo de dominios es insuficiente si los marcos de alojamiento y las redes de soporte financiero permanecen intactos.
El reto para el sistema de justicia moderno es dejar de tratar estos sucesos como hechos domésticos aislados y reconocerlos como una forma de delitos y de ciberextremismo organizado que requiere de una intervención sistémica, transnacional y desprovista de sensacionalismo para proteger la dignidad de las víctimas.


