Desde el terremoto de Cubagua en 1541 hasta hoy nuestra historia ha estado marcada por el dolor y las lecciones olvidadas
Caía la tarde del miércoles 24 de junio y en muchos lugares del país todavía retumbaban los tambores por la tradicional festividad de San Juan Bautista, a kilómetros de distancia, un evento sin precedentes estaba a punto de desatar toda su fuerza destructiva: un doblete de devastadores terremotos en pocos minutos sembraría el terror en todo el país.
Apenas pasaban de las seis de la tarde cuando un corto apagón anticipó el desastre, al volver la luz, todo comenzó a temblar. El primer terremoto, identificado por los especialistas como “el precursor” tuvo una potencia estimada en magnitud 7,2. Su epicentro fue ubicado según Funvisis a unos 25 km al este de San Felipe, estado Yaracuy.
Pero, el terremoto no había liberado toda su potencia y apenas unos 40 segundos más tarde se desencadenó un segundo sismo, que los especialistas consideran como el terremoto principal, con una magnitud de 7,5, registrado a unos 45 km de distancia del primero, en las inmediaciones de Yumare.
La diferencia de apenas tres decimales entre ambos sismos parece poca, pero en realidad fue casi tres veces más violento y por su cercanía temporal con el primero hizo que ambos se solaparan y se sintieran como un movimiento eterno.
Además ambos sismos ocurrieron a una profundidad menor a los 30 kilómetros, lo que geológicamente se considera superficial, esto maximizó su impacto y provocó colapsos estructurales en la región central, Caracas y La Guaira.
«Aproximadamente el 80% de la población venezolana reside en zonas de alta amenaza sísmica asociadas a tres sistemas de fallas»
Pocos segundos bastaron para que Venezuela sintiera el poder destructivo de un terremoto eterno. Los daños son cuantiosos y el balance en pérdidas humanas amenaza con ser terrible.
Los conteos oficiales confirman lo peor: Hasta el viernes se contabilizaban casi mil muertos, miles de heridos y al menos 250 edificios y estructuras destruídas.
El balance total es una incógnita que se despejará al ritmo que tome a las cuadrillas de voluntarios rescatar todavía con vida a las personas que quedaron atrapadas, en una carrera contrarreloj.
Un destino sísmico
Aunque lo olvidamos rápidamente, Venezuela es un país con una larga historia sísmica derivada de su compleja ubicación geográfica con una población que vive sobre tres sistemas de fallas que atraviesan el centro, norte y occidente del país, las fallas de Boconó, que se extiende a lo largo de la cordillera de Los Andes venezolanos; la falla de El Pilar, que atraviesa el oriente del país, y la falla de San Sebastián, que recorre la Cordillera de la Costa y que forma parte de la placa tectónica del Caribe.
Siglos de lecciones no aprendidas
Nuestra historia está atravesada por los terremotos, desde aquellos primeros asentamientos coloniales en el siglo XVI, los movimientos de tierra han marcado el ritmo de la vida.
Los primeros registros datan de 1530, cuando ocurrió el gran terremoto en Cumaná, que generó el primer tsunami documentado en la historia de América. En 1541, la ciudad de Nueva Cádiz, en la isla de Cubagua, fue devastada y abandonada tras un sismo y un maremoto que acabó con la pujante isla que tenía una economía basada en la explotación de perlas.
El 26 de marzo de 1812 ocurrió un gran terremoto que devastó Caracas, La Guaira, San Felipe y Mérida. Fue un Jueves Santo y eso fue usado para manipular el miedo de la población, presentando el terremoto como un «castigo divino» contra el movimiento revolucionario y dio origen a la frase de Simón Bolívar “Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, considerada como un ejemplo de resiliencia ante las adversidades.
El 29 de octubre de 1900 fue el terremoto de San Narciso, considerado el primer sismo «instrumental» del país, impulsó la creación del Observatorio Cagigal y la adquisición de los primeros sismógrafos.
El 17 de enero de 1929 ocurrió el terremoto de Cumaná, que con un violento tsunami en las costas del estado Sucre dejó un saldo estimado de 800 fallecidos. En 1950, El Tocuyo vio destruido el 93% de sus edificaciones coloniales y decenas de personas murieron.
Posteriormente ocurrió el Terremoto de Caracas de 1967, con una magnitud de 6.7, que causó el colapso de edificios modernos y la muerte de 300 personas.
«Estimaciones actuales sugieren que el costo económico de un gran sismo puede afectar entre el 1% y el 7% del PIB nacional»
El terremoto de Cariaco en 1997, con una magnitud de 6.9, dejó lecciones críticas sobre la vulnerabilidad de las escuelas y la importancia de las normas de construcción. Dejó unas 80 personas fallecidas, muchas de ellas en planteles educativos.
La vergüenza de las lecciones no aprendidas
Las crisis sísmicas en nuestro país son un tema que a pesar de ser olvidado no puede ser ignorado, sin embargo, parece que las lecciones no terminan de aprenderse. Venezuela se encuentra en una zona de interacción tectónica compleja. Está ubicado justo en el límite entre la placa Suramericana y la placa del Caribe
Este contacto genera un movimiento relativo donde la placa del Caribe se desplaza hacia el este a una velocidad de aproximadamente 20 milímetros al año, el movimiento es absorbido por tres sistemas de fallas principales que atraviesan el país y lo que hace al panorama más complejo es que aproximadamente el 80% de la población venezolana reside en zonas de alta amenaza sísmica asociadas a estos sistemas.
A lo largo de los años, hemos sufrido constantes terremotos que han dejado miles de pérdidas humanas, sin embargo no aprendemos las lecciones.
Las autoridades actúan tarde, escriben leyes, crean cuerpos como Protección Civil y Bomberos con roles limitantes a la población, esto demostró ser insuficiente para atender tragedias de magnitud. Es necesario que el Estado entienda que la defensa civil no es su tarea exclusiva, sino que debe compartirla con la sociedad.
La Fuerza Armada Nacional demostró su total incapacidad para actuar ante una tragedia en momentos en que se requería su acción inmediata. No ayudar a quien se juró proteger, es una vergüenza que debe ser analizada.
Millones de dólares se han perdido, poblaciones completas han sido abandonadas y ciudades se han mudado debido a los sismos.
Desde las antiguas viviendas de ladrillos hasta los edificios de concreto armado, cuando la tierra tiembla, la vida pende de la estabilidad de las estructuras.


