En Galicia un hombre alegó haber sufrido una maldición que lo convertía en lobo y lo obligaba a matar a la luz de la luna llena
A mediados del siglo XIX, en la rural Galicia, donde bosques, supersticiones y la falta de educación creaban el ambiente ideal para las leyendas, surgió la historia de Manuel Blanco Romasanta, un hombrecillo que sería conocido como el “Hombre Lobo de Allariz”. Su caso combinó asesinatos, identidades falsas y su insólita defensa basada en su transformación en lobo.
Romasanta nació el 18 de noviembre de 1809 en Regueiro, en Ourense. En su partida de nacimiento quedó registrado como la niña Manuela Blanco Romasanta, fue considerado y educado como tal durante sus primeros ocho años de vida; luego adoptó la identidad masculina.
Registros dicen que medía alrededor de 1,37 metros, era muy bajo. Sabía leer y escribir a diferencia de la mayoría de las personas de su entorno, y también sabía coser y bordar, algo poco común para los hombres de su época. Eso le permitió trabajar como sastre y vendedor ambulante.
A los 22 años se casó, pero enviudó apenas un año después. En 1833 comenzó a recorrer Galicia mientras vendía productos de belleza, eso le permitió conocer el área a fondo y compartir con mujeres y niños que recorrían las zonas.
Su carrera criminal comenzó en 1844 cuando mató a Vicente Fernández, quien pretendía cobrar una deuda. Fue condenado a diez años de prisión, pero logró huir y permaneció oculto durante un tiempo. Luego reapareció en Rebordechao con el nombre de Antonio Gómez, allí se integró a la comunidad y trabajó como vendedor y tejedor.
Durante los años siguientes se iniciaron las desapariciones de mujeres y niños. Blanco Romasanta enviaba cartas a los familiares afirmando que se habían establecido en otros lugares y desviaba las sospechas.
Pero la aparición de pertenencias personales en los bosques dio inicio a los rumores sobre un hombre lobo que acechaba en la zona. Luego se comenzó a decir que vendía ungüentos elaborados con grasa humana.
En 1852 se presentó una denuncia en Escalona contra un vendedor ambulante que engañaba a mujeres y niños para que viajaran con él y que luego desaparecían. Blanco Romasanta fue capturado en Nombela, Toledo, y trasladado a Ourense. Luego las autoridades lo relacionaron con las desapariciones gallegas.
En el juicio reconoció haber asesinado a trece personas, aunque solo comprobaron nueve asesinatos. Como excusa, dijo que sobre él pesaba una maldición que lo convertía en lobo durante las noches de luna llena y que, bajo esa forma, atacaba y devoraba a sus víctimas junto a otros dos hombres. Más tarde dijo que no era una maldición, sino una enfermedad.
La defensa intentó demostrar su estado de locura. No obstante, el tribunal lo consideró responsable y lo condenó a muerte mediante el garrote vil.
El caso llamó la atención internacional, fue uno de los primeros en que se discutió la licantropía clínica, una alteración mental en la que una persona cree convertirse en lobo. Un hipnólogo francés quiso examinar a Blanco Romasanta antes de su ejecución y la reina Isabel II conmutó la pena de muerte por cadena perpetua.
Blanco Romasanta murió el 14 de diciembre de 1863 en una prisión de Ceuta a causa de un cáncer de estómago.


