Un aniquilador de familias asesinó al menos a 52 personas, 43 de ellas en un período de seis meses
Uno de los capítulos más sombríos de la historia criminal ucraniana fue protagonizado por quien sería recordado como “La Bestia de Ucrania”, un brutal asesino en serie que en su período más activo atacó y asesinó a familias enteras.
Nos encontraremos ante la figura de Anatoli Onoprienko (1959–2013), quien perpetró una cadena de crímenes que marcaron a una nación entera por su sadismo, falta de empatía, crueldad y la aparente falta de motivos, quien sembró el caos entre 1989 y 1996.
Anatoli Onoprienko era un hombre de aspecto racional, elocuente y físicamente atlético, su vida temprana estuvo marcada por el trauma: tras la muerte de su madre a la edad de cuatro años, fue abandonado en un orfanato junto a su hermano.
En su niñez fue maltratado y abusado, eso fue un catalizador de la violencia que desataría más adelante. A los 16 años salió del centro de cuidado y se fue a trabajar como marinero, a su regreso se alistó como bombero.
Tras vincularse con un grupo de delincuentes fue detenido y pasó dos años preso, a su salida se desvinculó de sus camaradas y huyó de Ucrania, recorrió varios países europeos viviendo del robo y el pillaje. En 1989 estaba de vuelta en su país y desató una oleada de brutales asesinatos.
En un periodo de apenas seis meses, entre finales de 1995 e inicios de 1996, Onoprienko sembró el pánico en las regiones de Zhytomyr, Odessa, Leópolis y Dnipropetrovsk, asesinando a 43 personas, sumadas a las víctimas de su etapa criminal anterior. Su modus operandi era un ritual de terror calculadamente frío.
Seleccionaba hogares aislados a los que ingresaba al amanecer. Cometía los asesinatos con diversos tipos de armas, usaba armas de fuego para matar a los hombres, mientras que usaba cuchillos, hachas, martillos y otro tipo de herramientas para aniquilar a mujeres y niños presentes. No llegó a mostrar ningún tipo de piedad, ni siquiera con bebés, a quienes sofocaba en la cuna. Para culminar, incendiaba las viviendas para ocultar sus crímenes.
La magnitud de las matanzas obligó al Estado ucraniano a montar una investigación masiva, involucrando a miles de policías y a la Guardia Nacional.
Uno de los aspectos más trágicos de esta historia ocurrió durante los operativos de búsqueda de la “Bestia de Ucrania” cuando la policía detuvo a Yury Mozola, un joven inocente, quien fue torturado hasta la muerte por los servicios de seguridad al ser confundido con el asesino. Este error evidenció la desesperación y presión bajo la que actuaban las autoridades, los oficiales involucrados fueron detenidos.
La captura de Onoprienko ocurrió en abril de 1996, tras estrechar el cerco a su alrededor y al allanar la casa de su hermano, donde encontraron objetos robados a sus víctimas.
En los interrogatorios, exhibió una perturbadora calma, alegaba estar perturbado bajo el control de «dioses extraterrestres» y poseer habilidades telepáticas con animales, pero los psiquiatras lo declararon cuerdo.
Aunque fue condenado a muerte, la moratoria de ejecuciones de Ucrania permitió conmutar su pena por cadena perpetua. Onoprienko no recobró la libertad; permaneció en prisión hasta 2013, cuando murió de un ataque al corazón a los 54 años.

