La caída del imperio criminal fundado en las obras inconclusas del Tren de Aragua cierra un ciclo de terror transnacional, pero deja abiertas alarmantes dudas sobre la soberanía en Venezuela.
La noche del pasado viernes 12 de junio, un anuncio del presidente de EEUU, Donald Trump, tomó por sorpresa a los venezolanos: El Niño Guerrero estaba muerto. El peligroso delincuente y lider de una de las organizaciones criminales más peligrosas del mundo, había sido eliminado en una operación militar conjunta entre fuerzas militares de Venezuela y Estados Unidos.

El «ataque cinético» se había llevado a cabo en Las Claritas, población ubicada al sur del estado Bolívar, lugar donde Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias «Niño Guerrero» se refugiaba desde hace unos años: El criminal más buscado de suramérica y líder supremo de la megabanda transnacional Tren de Aragua, había muerto en un ataque con drones perpetrado por el Comando Sur de los Estados Unidos.

La operación, no solo descabezó a una organización declarada como terrorista por Washington, sino que además dejó en una estela de dudas sobre dirigentes quienes hasta hace poco juraban que la banda había sido «erradicada» del mapa nacional.
El ataque quirúrgico y coordinado
La noche del 12 de junio Donald Trump mostró un video de un edificio verde que explotaba por los aires, el ataque era el acto final de una cacería internacional que duró casi tres años: «Bajo mi dirección, el Comando Sur de los Estados Unidos llevó a cabo un ataque cinético rápido y letal para ejecutar con éxito a Niño Guerrero», anunció.
Lo más sorprendente de la operación no fue solo el uso de poder aéreo estadounidense en territorio venezolano, sino la naturaleza del operativo: Una misión conjunta. El régimen de Delcy Rodríguez, poco más tarde emitió un comunicado oficial admitiendo que había colaborado activamente en la operación, aportando inteligencia y facilitando el soporte tecnológico y militar de Washington.

Una de las preguntas que se quedan es cómo fue identificado el cuerpo de Guerrero Flores, la respuesta la dio desde colombia, el ex fiscal Zair Mundaray, quien recordó que desde hace más de tres años, familiares cercanos de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, su madre y hermanos, se encontraban detenidos en la sede del Cicpc en Caracas, y habrían sido ellos quienes aportaron el ADN necesario para hacer la identificación de los restos que quedaron tras la explosión.

¿En Colombia?
La muerte del «Niño Guerrero» en el estado Bolívar hizo recordar las afirmaciones realizadas tiempo atrás cuando se anunció la erradicación del Tren de Aragua tras la «Operación Cacique Guicaipuro» llevada a cabo entre septiembre y noviembre de 2023 para liberar siete cárceles venezolanas que habían sido tomadas por la delincuencia.
La Operación Cacique Guaicaipuro se inició el 20 de septiembre con la toma de la Cárcel de Tocorón, luego el 25 de octubre fue tomado el Penal de Tocuyito, el 30 del mismo mes, Puente Ayala; el 3 de noviembre La Pica; el 6 le tocó el turno a Vista Hermosa, el 8 de noviembre la Carcel de Trujillo y el 10 de noviembre, la cárcel de San Felipe.
Lo curioso es que durante esa toma, pudieron escapar sin mayores problemas, cientos de delincuentes, entre ellos los líderes del tren: El Niño Guerrero, Richardi y Santanita; además de El Wilkins, El Chichi, Pata e Queso y Pedro Rapidito, entre decenas de otros delincuentes menos importantes.
Tras esas operaciones el gobierno aseguró que «El Tren de Aragua ya no existía en el país. «Fueron capturados, reducidos, desmantelado el Tren de Aragua, sin ningún tipo de acción efectiva tienen en este momento, se aseguró, sin embargo y a pesar de las celebraciones, el fantasma seguía haciendo ruido y espantando a las autoridades, ya que ninguno de los pranes estaba preso.
Luego se trató de justificar la presencia de la banda en el resto del continente, asegurando que los expresidentes colombianos Álvaro Uribe e Iván Duque se habían «llevado» la banda a Colombia para usarla con fines paramilitares.
El bombardeo del Comando Sur pulverizó esa narrativa. «Niño Guerrero» no estaba en Colombia, tampoco en Perú, ni en Chile; estaba escondido en el estado Bolívar, controlando las codiciadas minas de oro venezolanas y coordinando el envío de toneladas de cocaína a EE.UU.
El nacimiento de una leyenda criminal
Héctor Rustherford Guerrero Flores comenzó su carrera delictiva a finales de los años 90, cometiedo pequeños robos, para el año 2000 se había hecho conocido por haber atacado, junto a su banda, a policías a quienes despojaban de sus armas de fuego y se habían dedicado al tráfico de drogas a pequeña escala.

La banda crecería a partir de un sindicato nacido en los inicios del gobierno de Hugo Chávez, el sindicato, era el del Tren de Aragua, una faraónica obra que nunca se concluyó, pero cuyo nombre marcó el panorama delictivo mundial.
Sin embargo el verdaero impacto de El Niño Guerrero en la historia criminal venezolana llegaría a partir de 2008 cuando fue condenado a 17 años de prisión. Fue cuando estaba tras las rejas de Tocorón cuando formó su imperio tras lograr hacerse pran de uno de los anexos de la cárcel de Tocorón.

A partir de ese momento comenzó un proceso de crecimiento y alianzas que le permitieron controlar totalmente la cárcel aragüeña y desde allí controlar el delito fuera de las rejas, así comenzaron los cobros de causa, secuestros, extorsiones, robos de vehículos, y contrabando de alimentos, que nutrían las arcas de la banda.
El dinero fluiría a tal extremo y su influencia crecía a tal medida, que Guerrero se dio el lujo de construir una discoteca en la cárcel, la llamó Tokio, además hizo una piscina, construyó un estadio deportivo, llamado «TdA»,siglas de la organización, sus aliados vivían con todos los lujos y seguridad armada, mientras que sus enemigos desaparecían.

Luego vendría la crisis que azotó al país y que llevó a millones de venezolanos a huir buscando un futuro más digno, y entre esos millones de venezolanos que salían a pie, en buses, y en aviones, se infiltraron delincuentes venezolanos, muchos de ellos miembros del Tren de Aragua, que comenzaron a controlar las fronteras, y con ello, la trata de personas, explotación, contrabando transnacional, tráfico de drogas a un nivel mucho mayor y el dinero seguía fluyendo.
Para sostener este engranaje, Guerrero selló alianzas estratégicas de alto nivel con grupos vinculados al Cártel de Sinaloa, bandas ecuatorianas y peruanas y el ELN en Colombia así como otras bandas y grupos vinculados al poder político en Venezuela, lo que le permitió expandir sus tentáculos hasta establecer células activas en todo el continente americano, Europa y África.
El silencio tras la muerte
La acusación liderada por el fiscal federal Jay Clayton en Manhattan detalla que el «Niño Guerrero» no operaba de manera aislada. El Tren de Aragua servía como el brazo armado la organización que ha sido denominada el Cártel de los Soles.
Según la acusación Guerrero facilitaba hombres equipados con fusiles de asalto (AK-47, AR-15, MP5) y granadas para custodiar cargamentos de cocaína producidos en Colombia y Venezuela. Esta droga era despachada desde pistas clandestinas y lanchas rápidas hacia Centroamérica y México, con destino final en los Estados Unidos. A cambio, el capo cobraba una tarifa por kilogramo transportado o un porcentaje directo de la mercancía.
Tras su fuga, Guerrero fue hacia donde era fuerte, una tierra sin ley, donde el Tren de Aragua controlaba a sangre y fuego la explotación de oro, no huyó del país, se acercó más a una riqueza que no le pertenecía, pero de la que disfrutaba, así fue como lo encontraron, y es que era un secreto a voces, que «no sabían» quienes supuestamente lo buscaban.
El operativo en el estado Bolívar cierra un ciclo de impunidad de más de dos décadas. Sin embargo, abre un nuevo e incierto panorama para Venezuela: con las fuerzas armadas estadounidenses operando abiertamente en suelo nacional.
La muerte de Guerrero deja muchas preguntas sin respuestas, deja alianzas ocultas tras el silencio de la explosión, deja riquezas escondidas y dinero de los venezolanos perdido tras el manto de la impunidad y la corrupción que lo arropó y protegió durante su violenta vida.

