Su extrema falta de higiene y un fétido olor corporal le dieron nombre a un brutal asesino en serie (Foto cortesía)

Sombras del Mal: El “Asesino Apestoso”

Ocho mujeres desaparecieron sin dejar rastros, todas atacadas por un brutal asesino conocido como “The Stinky” o “El Apestoso”

Entre 1996 y 1998, los suburbios de Nueva York se convirtieron en el escenario de una tragedia silenciada. Durante dos años, un total de ocho mujeres en situación de vulnerabilidad y dedicadas al comercio sexual desaparecieron de forma sistemática sin dejar rastro. La respuesta a este patrón delictivo no se encontraba en un callejón oscuro, sino en una modesta vivienda familiar de Fulton Avenue, en Poughkeepsie, donde residía Kendall Francois junto a sus padres y su hermana.

Francois, un sujeto de más de 145 kilos y exluchador, era conocido en la comunidad como «El Apestoso» debido a su extrema falta de higiene y a un fétido olor corporal que emanaba de su persona. Lo que nadie sospechaba era que ese hedor camuflaba un escenario dantesco: en el interior de su casa se descomponían los cadáveres de sus víctimas.

El victimario, nacido en 1971 y exmonitor escolar con antecedentes de conducta inapropiada hacia las alumnas, seleccionaba minuciosamente a sus objetivos. El perfil de las víctimas era específico: mujeres de contextura menuda, tez blanca y ojos claros, con edades comprendidas entre los 25 y los 50 años. El modus operandi consistía en captarlas en zonas de tolerancia, acordar un pago, trasladarlas a su residencia y, tras mantener relaciones sexuales, proceder a su ejecución mediante estrangulamiento.

La lista de las hoy occisas incluye a Wendy Meyers, Gina Barone, Catherine Marsh, Kathleen Hurley, Mary Healy Giaccone, Sandra Jean French, Audrey Pugliese y Catina Newmaster. Tras perpetrar los homicidios, Francois ocultaba los cuerpos en bolsas plásticas y cajas dentro de la misma casa. Sus familiares nunca detectaron la putrefacción de los restos debido a las pésimas condiciones sanitarias de la vivienda que estaba inundada de desperdicios, ropa sucia y alimañas.

El imperio de terror de Francois llegó a su fin en el verano de 1998 gracias al testimonio de Diane Franco, la única sobreviviente de sus ataques, quien a pesar de haber sido atacada por la espalda, logró calmar al agresor implorando clemencia. En un descuido de Francois durante el traslado, la víctima saltó del vehículo en marcha y notificó la novedad a una comisión policial.

La denuncia detallada guió a los detectives hasta la residencia. Al ser trasladado a la sede policial y verse acorralado por las evidencias visuales de las desaparecidas, el investigado confesó los hechos de forma fría: «Yo las maté». Los policías encontraron cadáveres en avanzado estado de descomposición y restos óseos en la casa.

Para evitar la pena capital, la defensa pactó una declaración de culpabilidad, alegando que “El Apestoso” había contraído VIH por parte de una de sus víctimas. El 7 de agosto de 2000 fue sentenciado a cadena perpetua sin derecho a fianza. Francois pagó su condena hasta el 11 de septiembre de 2014, cuando murió en un centro de reclusión debido a complicaciones médicas derivadas del sida.

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