Ángel Maturino Reséndiz, conocido como “el Asesino de los Trenes” (Imagen generada por IA)

Sombras del Mal: El «Asesino de los Trenes»

Un migrante mexicano utilizó los trenes para recorrer Estados Unidos y en su camino, se dedicó a asesinar

Ángel Maturino Reséndiz nació el 1 de agosto de 1959 en Izúcar de Matamoros, Puebla, México. Su infancia y adolescencia transcurrieron en un contexto de pobreza y movilidad constante. Sin embargo, existe poca información pública verificada sobre su temprana vida familiar y escolar; por ello, no se puede afirmar que su infancia difícil explique por sí sola sus crímenes. 

Durante años había cruzado la frontera decenas de veces. En territorio estadounidense tuvo varios trabajos: fue recolector de naranjas en Florida, cosechador de tabaco en Kentucky, de lechuga en California y de espárragos en Washington. Eran ocupaciones ocasionales, pero más que nada se dedicó a delinquir. Fue detenido por lo menos seis veces por delitos tan variados como robo de autos, posesión de armas, falsificación de documentos y hurtos 

Con el tiempo, convirtió los trenes de carga en su medio de transporte y comenzó a asesinar. Bajaba cerca de poblaciones pequeñas y elegía viviendas aisladas, muchas veces próximas a las vías. Luego podía atacar con objetos que encontraba en las casas, robaba pertenencias y, en algunos casos, cometía agresiones sexuales. 

La falta de automóvil, teléfono y tarjetas de crédito dificultó durante años que las autoridades conectaran los homicidios. La carrera criminal que se le atribuyó se intensificó durante la década de 1990. 

Entre sus víctimas se encuentran el estudiante Christopher Maier, asesinado en Kentucky en 1997; Leafie Mason, de 87 años, asesinada en Texas en 1998; el pastor Norman Sirnic y su esposa Karen, asesinados en Weimar en mayo de 1999; y la maestra Noemi Domínguez y Josephine Konvicka, asesinadas en Texas ese mismo año. 

La alarma nacional estalló en 1999, cuando se vinculó varios asesinatos a comunidades ferroviarias de Texas, Kentucky, Illinois y otros estados. El Buró Federal de Investigación (FBI) creó una fuerza especial con autoridades locales y federales, distribuyó fotografías, reforzó los controles fronterizos y difundió una alerta nacional. Reséndiz fue incluido temporalmente en la lista de los Diez Fugitivos Más Buscados del FBI. 

El operativo terminó el 13 de julio de 1999, cuando «el Asesino de los Trenes» se entregó en El Paso, Texas, acompañado por su hermana bajo la promesa de que no sería sentenciado a muerte. 

Fue trasladado a Houston y procesado por el asesinato capital de la doctora Claudia Benton. En 2000, un jurado rechazó su alegato de inimputabilidad por enfermedad mental, lo declaró culpable y le impuso la pena de muerte.

Antes de su ejecución, Reséndiz confesó haber cometido 180 asesinatos en México y en Estados Unidos, pero no diría sus nombres, «no tenía ningún motivo”. Las autoridades lograron relacionarlo con al menos quince asesinatos en seis estados. El 27 de junio de 2006 fue ejecutado mediante inyección letal en Huntsville, Texas, llevándose a la tumba la identidad de otras víctimas. 

Su muerte dejó preguntas inquietantes: ¿cuántos crímenes permanecieron sin resolver porque las autoridades incumplieron el compromiso que hicieron con un hombre que pudo desaparecer entre las rutas ferroviarias?

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