José Antonio Rodríguez Vega, conocido como “El Mataviejas” (Foto cortesía)

Sombras del Mal: El albañil asesino del Cantábrico

José Antonio Rodríguez Vega fue un albañil español con un oscuro y secreto: abusó y asesinó al menos a 16 mujeres mayores 

Hay historias que marcan a los pueblos debido a la brutalidad de los hechos. En los años 80 una pequeña ciudad ubicada al norte de España, bañada por las aguas del Cantábrico, fue el escenario de una ola de asesinatos que habría quedado oculta de no ser por la pericia de funcionarios policiales, quienes lograron conectar los puntos que separaban una serie de sospechosas muertes de mujeres mayores.

Los hechos ocurrieron en el municipio de Calabria, en la ciudad de Santander, que en la época tenía unos 100 mil habitantes. Entre ellos se encontraba un albañil identificado como José Antonio Rodríguez Vega, quien sería el responsable de casi una veintena de asesinatos de mujeres. 

De su infancia no se sabe mucho, la escasa información que se tiene es muy fragmentada. Las reconstrucciones periodísticas de la época lo describen como un hombre procedente de un entorno familiar problemático, quien tenía dificultades de adaptación y presentaba antecedentes de conducta delictiva.

Antes de los asesinatos, José Antonio Rodríguez Vega había tenido problemas con la justicia por delitos sexuales y violentos. Sin embargo, los especialistas coinciden en señalar que esos antecedentes establecen una relación causal entre su infancia conflictiva y los homicidios que cometería posteriormente.

Datos de la época establecen que los asesinatos se extendieron entre 1987 y 1988, cuando se comenzó a reportar un incremento en la muerte de mujeres adultas, muchas de estas muertes habían sido calificadas inicialmente como accidentales, provocadas por la avanzada edad de las víctimas.

Pero experticias forenses comenzaron a notar signos de violencia sexual y otras lesiones entre las mujeres asesinadas. Un año más tarde, una comisión policial unió los patrones comunes en todas las muertes: viviendas de mujeres solas, hábitos previsibles y violencia soterrada.

Los asesinatos, cada vez más comunes, hicieron que los medios comenzaran a hacer más ruido sobre el asesino al que bautizaron como “El Mataviejas”, y la investigación policial terminó con dar con la identidad del asesino.

Se trataba de José Antonio Rodríguez, quien, al ser detenido, trató de justificar los crímenes culpando a familiares femeninos cercanos como causantes de ellos, sin embargo el peso de las evidencias hizo que fuese condenado a 400 años de prisión, pena que no llegó a cumplir ya que fue asesinado por otros prisioneros en la cárcel de Topas el 24 de octubre de 2002, 14 años después de haber sido capturado.

Vale la pena analizar que la cobertura mediática desvió el foco ético al bautizarlo como «El Mataviejas». Dicho alias sensacionalista borró la identidad, nombres y trayectorias de sus víctimas, reduciéndolas a una etiqueta despectiva viciada por el edadismo y el sexismo.

En lugar de examinar las fallas institucionales en la protección social de los adultos mayores, la prensa convirtió al victimario en la figura central de una historia que ignoró a las víctimas.

Deja un comentario