Julio cerró con 299 siniestros registrados. Las avenidas urbanas se consolidan como el escenario de mayor letalidad
Durante los últimos dos años hemos difundido el constante y lamentable saldo de cientos de vidas que se pierden producto de los accidentes de tránsito en nuestras vías, drama que se refleja en los informes del Observatorio de Seguridad Vial (OSV).
La sangrienta e invisible batalla diaria entre la fatalidad y la prevención parece perdida para quienes apuestan por reducir las muertes en siniestros viales. Aunque a primera vista se creería que se trata de una epidemia de “eventos desafortunados”, la evidencia deja claro que la siniestralidad vial en el país es consecuencia de una serie de patrones sistemáticos, predecibles y, sobre todo, prevenibles tomando medidas para detener la sangría.
El monitoreo y el análisis realizado por el Observatorio de Seguridad Vial (OSV), así como la campaña permanente de educación vial que mantiene la ONG Asotránsito, exponen una crisis estructural en la que el factor humano, la hegemonía de las motocicletas y la vulnerabilidad de la juventud cobran un abrumador “impuesto de sangre”.
La tendencia visible
El uso de motocicletas se consolida como la principal causa de mortalidad y lesiones en las vías de Venezuela. De acuerdo con datos del OSV expuestos por su coordinadora, Rosibel González, los siniestros viales afectan de forma alarmante a la población joven de entre 15 y 34 años, mutilando el bono demográfico del país.
Durante los primeros siete meses del año, las motos estuvieron involucradas en más del 50% de los accidentes mensuales, alcanzando un pico de 72 conductores fallecidos en mayo. Cerca del 80% de los hechos viales fueron prevenibles, figurando el exceso de velocidad como el móvil principal de las colisiones y derrapes, seguido de la impericia al volante.
Puntos ocultos: La realidad subyacente
Un subregistro informativo oculta la verdadera dimensión de los hechos viales en Venezuela. La falta de medios de comunicación en las regiones sepulta la magnitud del problema en diversos estados, de donde prácticamente se desconoce la realidad debido a la inexistencia de medios que recopilen información vial.
Este año el panorama informativo se agravó debido a las urgentes coberturas de las emergencias ocurridas, por una parte el doblete sísmico del 24 de junio, y luego las torrenciales lluvias que a partir del 15 de julio azotaron el país. Ambos hechos desplazaron el monitoreo de siniestros viales como centro de atención periodística.
«Los despliegues oficiales se limitan a revisiones burocráticas (…) omitiendo la sanción de faltas críticas como el exceso de velocidad»
Lilian Romero
Vocera y directora de Asotránsito
Sobre las limitaciones del monitoreo, Rosibel González aclara: “Los datos recabados por el OSV se derivan de la revisión diaria de medios locales y regionales digitales y grupos de auxilio vial, por lo que se trata de un subregistro de casos, considerando que la cantidad podría ser más elevada”.
Sin embargo, se encontraron puntos destacables en la dinámica de los accidentes, como por ejemplo que mutan según el día de la semana: de lunes a jueves la prisa de las horas pico concentra más del 54% de los choques, mientras que los fines de semana la severidad se dispara por el alcohol y el exceso de velocidad a horas de la noche.
Asimismo, la distracción por uso del celular detona un alarmante 70% de las incidencias en el país. Un factor invisible en las minutas oficiales ante la imposibilidad técnica de comprobar la falta tras el impacto.
Balance específico del mes de julio de 2026
El OSV contabilizó en julio 299 siniestros viales a nivel nacional, los cuales dejaron un balance de 494 víctimas, divididas en 103 fallecidos y 391 lesionados, manteniendo las avenidas urbanas como el principal escenario de riesgo, con mayor severidad en horarios nocturnos y fines de semana.
En total durante los primeros siete meses del año 2026, el OSV ha registrado un acumulado de 2.259 siniestros viales, con un saldo trágico de 891 personas fallecidas y 2.804 lesionadas, para un total de 3.703 víctimas directas.
Los siniestros estuvieron dominados por el uso de motocicletas, seguidas de vehículos particulares y de carga. La brecha de género persiste en la victimología del mes: los hombres representaron la abrumadora mayoría de los afectados, tanto en cifras de fallecidos como de lesionados.
Las colisiones simples y derrapes lideraron las incidencias, impulsados por el exceso de velocidad y la imprudencia al volante.
El rol del INTT según Asotránsito
La organización Asotránsito, a través de su vocera Lilian Romero, cuestiona severamente la gestión del Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTT) y de los cuerpos de seguridad en la crisis vial.
La ONG denuncia que los despliegues oficiales se limitan a revisiones burocráticas de documentación, omitiendo la sanción de faltas críticas como el exceso de velocidad o la conducción imprudente.
«La cantidad de muertes puede ser mucho más alta debido a que los datos recabados por el OSV se derivan de la revisión diaria de medios, grupos de mensajería y redes sociales»
Rosibel González
Coordinadora del Observatorio de Seguridad Vial (OSV)
Asimismo, Romero advierte que la emisión de licencias se transformó en un trámite administrativo sin evaluaciones teóricas ni prácticas, lo que alimenta la impericia en las vías.
Otro problema denunciado por la ONG es la falta de fiscalización en límites de velocidad en intersecciones y pasos peatonales, lo que convierte a los cruces urbanos en zonas de alto riesgo para la ciudadanía.
Impacto estructural: El costo social y sanitario
La crisis de movilidad en Venezuela impacta con severidad la salud pública, la economía y la demografía del país. De acuerdo con balances del sector y expertos como Jacobo Vidarte, más del 80% de la ocupación en las emergencias hospitalarias corresponde a víctimas de hechos viales en motocicletas.
En el renglón de vulnerabilidad, el monitoreo con perspectiva de género evidencia la desprotección de las mujeres en el rol de acompañantes, o «parrilleras», que representan el 39,4% de las fallecidas y el 43% de las lesionadas, lo que supedita su seguridad a la pericia del conductor.
Por su parte, los arrollamientos registrados en el primer semestre dejaron en evidencia su letalidad en adultos mayores de 65 años por fallas en la infraestructura vial y pérdida de movilidad, mientras que los heridos graves se concentraron en la población infantil en trayectos escolares.
Finalmente, la caída del 59% en la venta de unidades nuevas a inicios de 2026 no redujo la tasa de mortalidad ni de lesiones. La evidencia ratifica que el problema medular no radica en la expansión del parque circulante, sino en la prevalencia del exceso de velocidad, la impericia y la imprudencia al volante.


