Tras la apariencia de una mujer emprendedora, hábil comerciante y dueña de fincas se escondía una brutal asesina en serie
El apodo con el que resonó en la crónica negra colombiana evoca un método clásico del crimen urbano, la escopolamina o burundanga; sin embargo, la sustancia que utilizó para hacerse tristemente célebre era sensiblemente más letal.
Yadira Narváez Marín fue catalogada mediáticamente como “la Reina de la Escopolamina”, aunque las pesquisas revelaron un patrón basado en el uso implacable de químicos agropecuarios de alta toxicidad.
Nacida en 1985 en Florencia (Caquetá) y criada en Rivera (Huila), Narváez construyó en su adultez la fachada de una próspera mujer de negocios. Radicada de nuevo en Florencia junto a su esposo e hija, llegó a poseer una finca y diversos emprendimientos. Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad doméstica y empresarial se articulaba una red dedicada al hurto y asesinato sistemático mediante el suministro de venenos.
La vida de Yadira dio un giro radical entre agosto y diciembre de 2011, cuando se concentraron varios de los asesinatos atribuidos a ella.
La modalidad identificada por los investigadores para cometer sus crímenes consistía en ganarse la confianza de hombres de edad avanzada, reunirse con ellos e ingerir bebidas alcohólicas.
En un descuido de las víctimas, Yadira mezclaba en los tragos carbofurano, un pesticida agrícola conocido comercialmente como Furadán, que era extremadamente tóxico y de acción rápida. El veneno provocaba la muerte o la incapacidad casi de inmediato, lo que facilitaba el robo de dinero y pertenencias.
Las estimaciones de las autoridades relacionan a Narváez con al menos seis homicidios, aunque relatos recopilados señalan que ella misma llegó a sugerir una cifra que calificó de “bastante considerable”.
Los robos y envenenamientos no se limitaron a Caquetá, sino que extendió su radio de acción a los departamentos de Tolima, Putumayo y Huila.
La policía cree que el esquema criminal de Narváez no operaba de manera aislada; integraba una banda organizada enfocada en asaltar a adultos mayores. No obstante, la estructura completa del grupo y el rol específico de cada cómplice se mantuvieron bajo reserva en el expediente.
El punto de quiebre en las investigaciones ocurrió tras la delación de una mujer con quien Yadira había mantenido una relación sentimental, lo que aportó pistas definitivas a los agentes investigadores.
Su captura se concretó en la terminal de transportes de Neiva, cuando intentaba huir. La Fiscalía reunió cerca de cien elementos probatorios, entre grabaciones de video, peritajes de ADN y testimonios directos en su acusación.
El caso central que condujo a su juzgamiento fue el homicidio de Reinaldo Ramírez Prado, ocurrido el 9 de diciembre de 2011, quien falleció a causa del carbofurano suministrado durante un robo.
En 2013, fue hallada culpable de homicidio agravado en concurso con hurto calificado y agravado por la muerte de Ramírez Prado, fue condenada a 35 años de prisión. Yadira Narváez está recluida en la cárcel de Rivera, Huila.

