Un brutal asesino logró burlar a la policía coreana en la década de los ‘80
En tiempos en los que Corea extendió su presencia mundial a través de K-Pop (música), los K-Dramas (novelas y series de TV), modelos, K-Beauty (productos de belleza) y hasta K-Food (comida), hay un aspecto no muy difundido de esa cultura: los asesinos en serie, a quienes bautizaremos como los K-Killers. Entre los más famosos encontraremos a Lee Choon-jae.
A mediados de los años 80 y 90, en Hwaseong, al sur de Seúl, ocurrió una serie de asesinatos de mujeres y niñas que puso en marcha una de las mayores y más estériles investigaciones policiales del país.
No se sabría quién fue el responsable de 14 asesinatos hasta más de tres décadas después. Su autor, Lee Choon-jae, nacido en 1963, fue identificado cuando cumplía una cadena perpetua por otro crimen no relacionado.
Los registros públicos ofrecen pocos detalles fiables sobre su infancia y orígenes. La historia verificable empieza entre 1986 y 1991, cuando 14 mujeres y niñas fueron asesinadas en el área de Hwaseong. La policía encontró patrones que vinculaban los crímenes a un mismo depredador, pero no logró identificarlo.
Una investigación masiva movilizó a miles de agentes y generó miles de interrogatorios, controles y búsquedas . Sin embargo, el volumen de recursos no compensó los frutos, los errores de procedimiento y las limitaciones forenses de la época impidieron la captura del asesino.
La racha de asesinatos terminó en 1994, cuando Lee fue detenido y condenado a cadena perpetua por la violación y asesinato de su cuñada.
Décadas después, el análisis de muestras biológicas vinculó a Lee con los crímenes. Tras ser interrogado, confesó los asesinatos en serie y otros delitos.
Durante la ola de asesinatos Lee fue citado y descartado. Cuando lo interrogaron llevaba un reloj perteneciente a una de sus víctimas, pero no fue reconocido como sospechoso.
Uno de los datos más alarmantes de este caso es que un hombre inocente estuvo preso por 20 años. En 1988, la policía acusó a Yoon Seong-yeo (22) de violar y matar a una niña. Yoon negó los hechos, pero fue condenado a cadena perpetua.
En 2009 un nuevo juicio estableció que su confesión se obtuvo mediante tortura y detención ilegal. En diciembre de 2020, un tribunal lo absolvió y ordenó su liberación.
El caso mostró cómo los fallos policiales permitieron que el verdadero autor permaneciera sin identificar: Además desviaron la investigación hacia un inocente. La presión por resolver los crímenes, la dependencia de confesiones y la manipulación de pruebas sustituyeron al rigor que exigía el caso. La presión social hizo que las autoridades reconocieran los errores y pidieran disculpas.
Debido a que los plazos legales habían vencido, la identificación de Lee impidió que fuese juzgado por los asesinatos de Hwaseong. Quedaron las víctimas, sus familias y una verdad amarga: la tecnología que resolvió el misterio llegó demasiado tarde, no pudo devolverle a Yoon los años perdidos, ni reparar por el daño causado, tampoco le dio justicia a los familiares de sus 14 víctimas.

