Tras años de cacería, una quirúrgica acción aérea fulminó al principal pran de Tocorón en una zona minera, revelando la cooperación de inteligencia de Caracas con Washington
La noche del pasado viernes 12 de junio, un anuncio del presidente de Estados Unidos tomó por sorpresa a los venezolanos: El Niño Guerrero, líder de una de las organizaciones criminales más peligrosas del mundo, había sido eliminado en una operación militar conjunta entre fuerzas militares de Venezuela y Estados Unidos.
El “ataque cinético” se llevó a cabo el 9 de junio en Las Claritas, población ubicada al sur del estado Bolívar, lugar donde Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, se enconchaba. El criminal más buscado de Suramérica y una de las cabezas de la megabanda transnacional Tren de Aragua (TdA) murió en un ataque ejecutado por el Comando Sur de los Estados Unidos. Lo sorprendente de la operación fue su naturaleza “binacional”.
El ataque “quirúrgico y coordinado”
Como evidencia Donald Trump mostró un video de un edificio verde que explotaba por los aires. Era el acto final de una cacería de casi tres años: “Bajo mi dirección, el Comando Sur de los Estados Unidos llevó a cabo un ataque cinético rápido y letal para ejecutar con éxito a Niño Guerrero”, dijo.
Poco más tarde, el gobierno de Delcy Rodríguez emitió un comunicado admitiendo que había colaborado aportando inteligencia y facilitando el soporte tecnológico y militar a Washington.
“Bajo mi dirección, el Comando Sur de los Estados Unidos llevó a cabo un ataque cinético rápido y letal para ejecutar con éxito a Niño Guerrero”
Donald Trump
Presidente de EEUU
Sobre este punto, el abogado y criminalista Luis Izquiel señala un marco legal claro: “La legalidad del operativo es total. Es una cooperación internacional, reconocida por Estados Unidos y Venezuela, entre dos Estados contra una organización criminal internacional. Hay convenios como la Convención de Palermo o Convención Contra la Delincuencia Organizada Transnacional que impulsan este tipo de cooperación entre países contra grupos criminales como el Tren de Aragua”.
Sobre cómo se identificó el cuerpo, el exfiscal Zair Mundaray proporcionó algunas pistas al recordar que familiares cercanos del Niño Guerrero tienen años detenidos en el Cicpc y habrían aportado el ADN necesario para identificar los restos.
¿Estaba en Colombia?
La muerte de Guerrero Flores en Las Claritas trajo al tapete las afirmaciones oficiales realizadas en 2023 sobre la desaparición del Tren de Aragua tras la Operación Cacique Guaicaipuro, que liberó siete cárceles venezolanas.
El operativo se inició en Tocorón el 20 de septiembre y culminó el 10 de noviembre en San Felipe. Durante las siete recuperaciones se escaparon cientos de delincuentes, entre ellos Niño Guerrero, Richardi y Santanita.

Luego voceros gubernamentales aseguraron que el TdA ya no existía en el país, se justificó la presencia de la banda en el continente argumentando que los expresidentes Álvaro Uribe e Iván Duque se habían “llevado” la megabanda a Colombia con fines paramilitares.
El bombardeo del Comando Sur pulverizó esa narrativa: Niño Guerrero no estaba en el extranjero; estaba escondido en Venezuela, controlando las codiciadas minas de oro y coordinando el envío de drogas desde el estado Bolívar.
Una historia criminal
Héctor Rustherford Guerrero Flores (2/12/1983 – 9/6/2026) comenzó su carrera delictiva a finales de los años 90. Su banda nació a inicios del gobierno de Hugo Chávez, a partir de un sindicato vinculado a las obras del Tren de Aragua, de allí su nombre. Su impacto en el delito nacional llegó tras su condena a prisión. En Tocorón, junto a los líderes históricos del TdA Yohan Romero, alias “Johan Petrica”, y Giovanny Mosquera, alias “Giovanny” o “El Viejo”, estructuraron la banda bajo el mando de “Los Tres Papás”.

Crearon una jerarquía integrada por los pranes, la máxima autoridad; el carro, el grupo de seguridad más cercano al pran; los luceros, que mantenían el orden y manejaban armas; y los gariteros, que vigilaban los accesos. El resto de la población tenía que pagar una cuota semanal llamada “la causa” para sobrevivir en la cárcel.
Tras dominar Tocorón, expandieron su poder a las calles y a otros penales. La organización se financiaba mediante extorsiones, secuestros, robos de vehículos y contrabando, corrompiendo el entorno policial, militar y político. En Tocorón llegaron a construir lujos como la discoteca Tokio, una piscina y un estadio deportivo.
“Esta acción conjunta abre las puertas para que puedan ser atacadas y debilitadas con el uso de tecnología militar americana otras organizaciones como el ELN y las FARC”
Luis Izquiel
Criminólogo y profesor universitario
El estallido de la crisis económica a mediados de la década de 2010 generó una crisis migratoria sin comparación que facilitó la expasión del TdA por la región, su control sobre fronteras y trochas le permitió explotar la trata de personas, contrabando y narcotráfico transnacional, entre otros delitos, y consolidó como un poder regional.
“Los Tres Papás” sellaron alianzas con el Cártel de Sinaloa, carteles colombianos y la guerrilla, tejieron vínculos con el poder político, que les dio presencia en América, Europa y África.
¿Una nueva era en la lucha contra el delito?
Para el criminólogo Luis Izquiel, el impacto de este golpe “reconfigura el panorama delictivo. El Tren de Aragua quedó sin su feudo criminal de Tocorón, perdió a su líder indiscutible y además pierde una fuente importante de ingresos como la mina Las Claritas. Es probable que después de esta acción quede prácticamente desmantelado en Venezuela. No así en el exterior, donde muchas células tienen años operando con cierto grado de independencia que les permitirá sobrevivir a la muerte de Guerrero”.
El especialista considera que este precedente de acción conjunta entre Estados Unidos y el Gobierno de Venezuela “abre las puertas para que puedan ser atacadas y debilitadas con el uso de tecnología militar americana otras organizaciones que operan en el territorio nacional, como el ELN y las FARC”.
Sin embargo, reflexiona al señalar que el fin del capo sepulta secretos clave sobre la red de complicidades institucionales, lo que impedirá juzgar localmente a los protectores políticos del TdA.
“Su muerte dificulta conocer con posterioridad los pormenores de los funcionarios que lo ayudaron a crear, fortalecer y expandir el Tren de Aragua. Pero todavía quedan individuos como Johan Petrica y otros que pudieran contribuir a revelar las complicidades”, concluyó Izquiel.


