Un adulto mayor y un niño intentan cruzar una vía rápida sin semáforo; ambos figuran entre los sectores más golpeados por la violencia vial (Imagen generada por IA)

Anarquía vial deja al menos 71 peatones muertos en seis meses

Con 242 siniestros en seis meses, el transeúnte venezolano se consolida como el actor más vulnerable y desatendido de las políticas públicas

Caminar por las ciudades de Venezuela es una actividad de alto riesgo en la que el peatón enfrenta a diario la falta de infraestructura protectora, la ausencia de señalización y una marcada anarquía en las vías. 

A propósito de la conmemoración del Día Mundial del Peatón, el Observatorio de Seguridad Vial (OSV) presentó un informe especial que consolida el balance del primer semestre de 2026, que contabilizó al menos 242 arrollamientos o atropellos, que dejaron un saldo de 163 víctimas peatonales con al menos 71 fallecidos y 92 lesionados.

Esta trágica estadística da continuidad a la crisis registrada en 2025, año que cerró con 185 peatones muertos, 12% del total de fatalidades viales, y 596 arrollamientos. Estas cifras siguen la tendencia documentada en 2024, cuando en meses como octubre se contabilizó un pico de 25 fallecidos.

A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los peatones y ciclistas representan más de una cuarta parte de todas las muertes por siniestros viales. 

En las Américas, el panorama es crítico: Las muertes de usuarios vulnerables (motorizados, peatones y ciclistas) aumentaron 47% entre 2009 y 2021, actualmente los peatones por sí solos representan el 17% de los decesos. En Venezuela los peatones se mantienen de manera persistente como el segundo o tercer actor vial con mayor mortalidad.

El ignorado peatón 

La semana pasada una publicación en las redes sociales hizo ruido: En una acera de Baruta, una valla publicitaria obligaba a los peatones a atravesarse en la calle debido a que fue instalada para que fuese vista por los conductores, ignorando totalmente al peatón, a quien pusieron en riesgo.

Aunque más tarde la Alcaldía quitó la publicidad/obstáculo, el hecho deja en evidencia el irrespeto que hay en el país hacia el peatón, tanto por parte de comerciantes, como del propio Gobierno, irrespeto que convierte al peatón en protagonista permanente de accidentes graves.

«Las cifras del primer semestre  confirman la indefensión total en la que transitan nuestros peatones. Registramos decesos en todas las edades, pero la curva de riesgo mostró una crueldad particular en los extremos de la vida: niños pequeños y adultos mayores arrollados al intentar cruzar una avenida»

Rosibel González
coordinadora del OSV

La combinación de una infraestructura deteriorada o inexistente, el irrespeto sistemático a las señales de tránsito, la ocupación ilegal de aceras o su inexistencia, la invasión de espacios peatonales y la violación de leyes por motorizados, entre otros males, configuran el escenario de la total «indefensión» del ciudadano de a pie.

Tres años de muertes

La crisis de seguridad vial en el país muestra un preocupante patrón de vulnerabilidad entre 2024 y el primer semestre de 2026, período en el cual los peatones, con especial impacto en adultos mayores y menores de edad, han sufrido las peores consecuencias de la anarquía al volante y la falta de infraestructura. 

Tras un 2024 marcado por la opacidad oficial y picos críticos como los 33 arrollamientos documentados en mayo por el Observatorio de Seguridad Vial (OSV), el balance de 2025 consolidó la tragedia con 185 fallecidos, 12% del total de muertes en hechos viales, y 596 arrollamientos, identificando el exceso de velocidad en avenidas urbanas como el causante del 60% de los siniestros. 

La tendencia letal se mantiene en los primeros seis meses de 2026 con 71 decesos y 92 lesionados en las vías, cuadro que refleja la desprotección sistemática de los transeúntes al intentar cruzar arterias principales sin la debida señalización ni control del tránsito. 

Rosibel González, coordinadora del OSV, destaca la vulnerabilidad extrema en que se encuentran niños y adultos mayores que a menudo se convierten en víctimas al salir de sus escuelas o al intentar cruzar calles principales sin semáforos ni rayados visibles. 

El lado más débil de la ecuación

Para comprender los daños que provoca el arrollamiento, debemos entender la física involucrada en esos siniestros. Al carecer de protección externa, el peatón absorbe la mayor parte de la energía en un choque. 

Datos biomecánicos confirman que la velocidad del vehículo es determinante en la gravedad de las lesiones. La energía cinética crece al cuadrado de la velocidad, lo que convierte pequeños incrementos de velocidad en impactos de alta violencia: a 30 km/h la posibilidad de supervivencia es del 90%, esa misma probabilidad cae a menos del 50% a 45 km/h, pero a partir de 64 km/h el riesgo de muerte se eleva a casi el 80% y a velocidades mayores las probabilidades de supervivencia son mínimas.

«El peatón es el actor pasivo de la vía; no tiene un chasis que lo proteja ni controla el volante. Cuando un vehículo arrolla a un transeúnte en una zona urbana, el fallo es integral»

Rosibel González
Coordinadora del OSV

El atropellamiento ocurre en fases cinemáticas: el primer impacto del parachoques lesiona las extremidades inferiores; la víctima pivota sobre el capó golpeando la pelvis; el cuerpo impacta el parabrisas provocando traumatismos craneoencefálicos graves; y finalmente la persona es proyectada y cae contra el pavimento, que genera severas lesiones cerebrales o cervicales, y a eso debe sumarse el riesgo de arrastre o aplastamiento.

En el caso de niños, la baja estatura concentra el impacto inicial en el torso, generando traumatismos multisistémicos. 

Hacia un sistema seguro

En el marco del Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030, la ONU impulsa la meta de reducir las muertes y lesiones en 50%. 

Para Venezuela, este marco internacional sugiere acciones urgentes que el OSV y organizaciones como Asotránsito han respaldado, entre las que destacan:

Implementar límites estrictos de 30 km/h en áreas residenciales y escolares; reactivar semáforos, marcar pasos de peatones y construir islas de refugio peatonal, además es necesario desplazar la responsabilidad desde la «conducta individual» hacia la responsabilidad institucional de garantizar calles diseñadas para la vida.

El reporte concluye que, mientras el peatón siga siendo considerado un «actor secundario» y no una prioridad de política pública, salir a caminar en Venezuela continuará siendo, trágicamente, un riesgo de muerte.

Deja un comentario